
A la colección de juguetes rotos de esta turbulenta temporada suma Alberto García Chápuli una nueva pareja: Crispin y Phillip; si el año pasado hubo quien defendió su sobria austeridad edulcorada y camuflada de respeto y confianza en el equipo por no precipitarse en la realización de cambios y siempre en aras del mantenimiento del equilibrio presupuestario, este año en una enajenada muestra más de que nada de lo realizado con anterioridad debe servir para nada, el dispendio y la dilapidación se han adueñado de la casa caísta.
Mal está que se haga tábula rasa de los excelentes mimbres, que diría aquél, con los que se manejaba el cestero el año pasado… ¿Pero cómo entender la sinrazón que nos conduce a empezar de cero nuevamente, ya con la temporada comenzada?
La explicación es amarga pero sencilla; el Director General, cuyo deambular por el abismo de la sinrazón es cada vez mas notorio, en un osado intento de mantener a flote su proyecto, su apuesta por la bisoñez del técnico Mateo, es capaz en un ejercicio de prestidigitación de sacar de su chistera dos nuevas sorpresas antes de dar su brazo a torcer y reconocer que su diseño ha fracasado .
¿Qué ha cambiado en Chápuli para conseguir todo lo que el año pasado negó en incorporar pese a la reiterada e insistente súplica y demanda del cuerpo técnico? ¿Hace falta recordar la lesión de Stewart, la tardanza en la llegada de Washington, la no sustitución de Vebobe y la llegada con el play-off por comenzar del no resolutivo Farmer?
El cambio sobre el cambio, peligrosa senda para quien gestiona con inusitada alegría los fondos de una Sociedad que navega por aguas peligrosas sin atisbar, al menos de momento la luz que precede al puerto.
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