
Hoy no quiero ni mirar la crónica; porque ya es pasado, porque vamos a pasar página, porque por hoy siquiera no importa ni el presente, sino el futuro : el nuestro el de un equipo y una afición hermanados por un sueño, el de recuperar el tiempo perdido.
Me niego a sumarme al derrotismo, al oportunismo y a la demagogia; me niego a dejarme llevar por una corriente de sinrazón, que piensa que todo se ha perdido; me niego a dejar de soñar, creer, vivir.
No olvidemos que estamos presenciando el desarrollo de un juego; no pasemos por alto la fortaleza del equipo de Murcia, su equilibrio, su potencia.
Lo que ha sucedido dentro de una semana puede ser una anécdota, un lance, un episodio más que narrar otro día; ya sólo importa el sábado: sostener, apoyar, reforzar.
Pensemos en que durante la Liga Regular se venció a domicilio , que no es una quimera, que es una realidad; me niego a creer que todos los que con pasión vivimos el desenlace del quinto partido en Granada, perdimos la esperanza, ni siquiera con la segunda derrota.
No nos dejemos llevar ni por la presión, ni por la ansiedad, dejemos de lado el peso de la historia de este club y confiemos en el equipo que nos ha hecho vivir grandes momentos en esta temporada.
¿De qué sirve sumarse al carro del pesimismo, del yo ya lo dije , de la sinrazón?
De la adversidad, la oportunidad, del problema la solución, pero siempre el progreso, el avance y el estímulo.
Para los que esta noche, dentro de unos instantes dibujéis una sonrisa en el rostro y seáis capaces de soñar; tan solo se escapó un efímero momento de felicidad; a vosotros os dedico estas letras; con la esperanza de que al menos mañana, muchos más podáis entenderme, pese al rabia, pese al dolor.
Cuando el viento me golpea la cara con fuerza, saco mi furia y miro adelante.
Ahora más que nunca.
Titanic, desde la alquimia de las emociones.

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