
Ayer no me “dejaron” llamarte arrogante; sí polémico, peculiar, diferente y muy interesante pero no arrogante; hoy te lo digo, porque me apetece, porque no quería que se perdiese ese matiz y porque puedo explicarlo.
Arrogante como sinónimo de valiente, de transgresor e innovador, porque, siempre a mi juicio, eres diferente y lo demuestras continuamente.
Arrogante porque no comulgas con ruedas de molino, porque no te dejas llevar, porque has roto y rompes barreras y moldes, con tu estilo, y eso a algunos les sorprende, les inquieta y porqué no decirlo les molesta.
Arrogante porque amas el basket y esta ciudad, a la que vuelves en un eterno retorno que esperemos alcance pronto su final; porque otro no volvería, porque otro no hubiera vuelto; pero tu sí, y estás aquí y lo vemos en tu media sonrisa, tímida y distante.
Arrogante como luchador, porque no has cejado hasta conseguir comenzar tu proyecto, ese que muy bien sabemos que no es el cuarto, sino el primero, el único hasta ahora en el que has podido diseñar, participar, planificar y organizar. En un proyecto en el que ahora sí, sabes que si es necesario, habrá capacidad de reacción, flexibilidad y adaptación.
Arrogante pero desprendido de toda necedad, pues quien te quiere escuchar asiste absorto a una demostración de conocimiento, de racionalidad y de acervo baloncestístico.
Arrogante y generoso, pues en tu mano ha estado compartir y lo has hecho, con nosotros, aficionados de a pie, infantería virtual que nunca hasta la fecha pisó el tablero de los Juegos, y ayer nos sentimos, maravillados y contentos, pequeña parte del gran teatro del basket.
Gracias por ver la totalidad del bosque.

|