
No me preguntéis razones, no indaguéis el porqué, por un momento dejaos llevar por el momento, visualizad la victoria del martes.
Vamos a ganar; dejo para mis compañeros el concienzudo análisis de los pormenores baloncestísticos; solo escucho al corazón.
No os hablaré de hechos objetivos, ni de críticas fundadas, ni siquiera de respeto; solo haré de mi ilusión la bandera que me guíe al éxito soñado.
Ni siquiera os dejaré elegir, porque ya lo he hecho yo por vosotros, y escojo el optimismo desmedido, exacerbado, porque lo siento así, porque mi corazón a veces también baila con espinas.
Una vez soñé, y seguiré soñando, cuando nadie me vea, igual que una noche me volví y allí estaba ella, sonriendo, así soñé con la victoria .
La vi, y por eso quiero compartirla en este momento con vosotros, fieles seguidores de nuestra marea roja, porque os lo merecéis.
Solo sabed que ella está esperándonos, basta con que seamos capaces de abrazarla para sentir su fuerza.
No me juzguéis, no aún, dejadme crecer, soñar, reír.
Sabed que el jueves vuelvo al pabellón, y que entonces quizá haya convencido a dos, diez, veinte, quizá cien, que como yo quieran quemar sus gargantas. Luchadores que aparquen sus análisis, comentarios, críticas y opiniones: gladiadores del verso, de la prosa y de las grandes gestas.
Solo esa actitud nos conducirá a León, y si alguna vez habéis pensado que en algo pudiese tener razón, creedme, tened fe, porque es la actitud correcta.
Bebed este cóctel de emociones, que el futuro os brindará gratas noticias.
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